- Fue en esa época que se produjo un cambio drástico en mi interior. De pronto pude ver cierto orden dentro del desorden. Todo estaba muy, muy mal. Quería ser uno de los objetos de Jerome. Quería que me levantara y me dejara caer una y otra vez. Quería ser tratada por sus manos de acuerdo con un sofisticado principio que no comprendía.
- ¿Sus fuertes manos?
- Sí, pero ya no eran solo sus manos. Era como si todo en él hubiera cambiado aunque nada había cambiado y lo sabía en mi cabeza. Y me regañaba a mí misma por verlo bajo esa nueva luz. El amor es ciego. No, no, no, es peor. El amor distorsiona las cosas. O peor, el amor es algo que nunca pediste.