Orly necesitaba detalles específicos. Cuando no conseguía sacarles nada, les apoyaba la cabeza sobre su regazo y los mecía hasta que estuviesen bajos de defensas, sumidos en una dulce hipnosis, entonces les pedía que recordasen la primera vez que habían sentido el deseo de someterse. ¿A quién querían someterse? ¿Qué les había hecho aquella persona? ¿Qué querían ellos que hiciese la persona en cuestión? A veces querían algo que les resultaba imposible verbalizar, pero, una vez lo decían, todo era más fácil, ya sabíamos lo que teníamos que hacer. A veces querían ser observados mientras Orly se empleaba con ellos, y yo los veía calmarse, cómo cambiaba su respiración. Sus rostros en éxtasis, un umbral que se ha franqueado. Más allá de ataques de risa o de desprecio por ellos mismos. Más allá de sus ruegos a mami o a papi. Cuando se dejaban llevar ¿adónde dejaban que Orly les llevase?